
No hay placer como el terror. Si fuera posible sentarse sin ser visto entre dos personas en cualquier tren, sala de espera u oficina, la conversación entreoída rondaría una y otra vez este tema.
Así comienza el relato que quiero comentar en esta entrada, para que no todo sean escritos míos y sobre Silent Hill. Esta vez, os traigo un relato de Clive Barker, un relato que desde mi punto de vista es especial, brilla por luz propia al tratar de acercarnos no al género del terror, si no al terror mismo en su misma concepción y definición.
En el, dos alumnos universitarios, el tétrico Quaid y el Protagonista Steve mantienen conversaciones tan suculentas como la siguiente:
–No es verdadera filosofía lo que te enseñan aquí –sentenció Quaid con manifiesto
desprecio.
–¿Eh?
–Nos dan una cucharadita de Platón o un poco de Bentham, pero sin un análisis real. Con las calificaciones pertinentes, por supuesto. Se parece a la bestia: hasta a los no iniciados les huele un poco a bestia.
–¿Qué bestia?
–La filosofía. La verdadera filosofía. Es una bestia, Stephen. ¿No estás de acuerdo?
–No se me había....
–Es salvaje. Muerde.
Enseñó los dientes: de repente había adoptado una expresión astuta.
–Sí, muerde –repitió.
Sí, eso le gustó mucho. Lo dijo de nuevo por si le traía suerte: «Muerde».
Stephen asintió. Se le escapaba el sentido de la metáfora.
–Creo que lo que estudiamos debería desgarrarnos. –Quaid se estaba entusiasmando con
el tema de la educación castradora–. Debería asustarnos falsear las ideas sobre las que hemos de hablar.
–¿Por qué?
–Porque si fuéramos filósofos dignos no intercambiaríamos chistes académicos. No
hablaríamos de semántica, no utilizaríamos supercherías lingüísticas para encubrir los problemas reales.
–Deberíamos discutir sobre lo que es inherente a nuestras psiques –dijo Quaid–. Si no... nos arriesgamos a....
Súbitamente le abandonó la locuacidad.
–¿Qué?
Quaid contemplaba su copa de coñac vacía como si quisiera verla llena de nuevo.
–¿Quieres otro? –propuso Steve, rogando para que la respuesta fuera negativa.
–¿A qué nos arriesgamos? –repitió la pregunta–. Bueno, creo que si no salimos y
encontramos a la bestia...
Steve presintió que estaba a punto de ponerle la guinda al pastel.
–... tarde o temprano vendrá la bestia y nos encontrará a nosotros. No hay placer como el terror. Mientras sea el de los demás.
Así comienza el relato que quiero comentar en esta entrada, para que no todo sean escritos míos y sobre Silent Hill. Esta vez, os traigo un relato de Clive Barker, un relato que desde mi punto de vista es especial, brilla por luz propia al tratar de acercarnos no al género del terror, si no al terror mismo en su misma concepción y definición.
En el, dos alumnos universitarios, el tétrico Quaid y el Protagonista Steve mantienen conversaciones tan suculentas como la siguiente:
–No es verdadera filosofía lo que te enseñan aquí –sentenció Quaid con manifiesto
desprecio.
–¿Eh?
–Nos dan una cucharadita de Platón o un poco de Bentham, pero sin un análisis real. Con las calificaciones pertinentes, por supuesto. Se parece a la bestia: hasta a los no iniciados les huele un poco a bestia.
–¿Qué bestia?
–La filosofía. La verdadera filosofía. Es una bestia, Stephen. ¿No estás de acuerdo?
–No se me había....
–Es salvaje. Muerde.
Enseñó los dientes: de repente había adoptado una expresión astuta.
–Sí, muerde –repitió.
Sí, eso le gustó mucho. Lo dijo de nuevo por si le traía suerte: «Muerde».
Stephen asintió. Se le escapaba el sentido de la metáfora.
–Creo que lo que estudiamos debería desgarrarnos. –Quaid se estaba entusiasmando con
el tema de la educación castradora–. Debería asustarnos falsear las ideas sobre las que hemos de hablar.
–¿Por qué?
–Porque si fuéramos filósofos dignos no intercambiaríamos chistes académicos. No
hablaríamos de semántica, no utilizaríamos supercherías lingüísticas para encubrir los problemas reales.
–Deberíamos discutir sobre lo que es inherente a nuestras psiques –dijo Quaid–. Si no... nos arriesgamos a....
Súbitamente le abandonó la locuacidad.
–¿Qué?
Quaid contemplaba su copa de coñac vacía como si quisiera verla llena de nuevo.
–¿Quieres otro? –propuso Steve, rogando para que la respuesta fuera negativa.
–¿A qué nos arriesgamos? –repitió la pregunta–. Bueno, creo que si no salimos y
encontramos a la bestia...
Steve presintió que estaba a punto de ponerle la guinda al pastel.
–... tarde o temprano vendrá la bestia y nos encontrará a nosotros. No hay placer como el terror. Mientras sea el de los demás.
Por supuesto, esto solo son dos párrafos de un relato de treinta páginas. No he puesto ni lo más chocante y ni lo más revelador de este, mas sin embargo, pongo la idea que me lleva rondando por la mente desde que la razón me hizo planteármela. ¿Qué nos asusta? ¿Por qué nos asustamos? ¿Por qué, aunque muchos lo nieguen, el sentimiento de terror es uno de los más buscados y universales del mundo?
Ya hay pocas cosas que realmente pueden asustar a un ser humano de forma artificial. Las películas han dado lugar a que los de mi generación se hayan inmunizado ante tan fuerte sentimiento como puede ser el horror. Los libros han sido delegados a segundo plano por la juventud, nadie lee para asustarse, por que no les queda una pizca de imaginación para ello.
¿Podríamos decir que el terror ha muerto? Ni mucho menos. Pero desgraciadamente ha sido desvirtuado por la sociedad en la que vivimos. Ya nadie teme a los monstruos en el armario ni a los vampiros nocturnos. Es una lastima que un genero tan apasionante se haya apalancado y en algunos casos, rechazado… pero siempre nos quedara un:
Nación, familia, Iglesia, ley. Todo reducido a cenizas. Todo inútil. Todo engaños, cadenas y asfixia.
Sólo existía el terror.
–Yo temo, tú temes, él teme –le gustaba decir–. Él, ella, ello teme. No hay ser consciente sobre la superficie del mundo que no conozca el terror más íntimamente que su propio latido.
Ya hay pocas cosas que realmente pueden asustar a un ser humano de forma artificial. Las películas han dado lugar a que los de mi generación se hayan inmunizado ante tan fuerte sentimiento como puede ser el horror. Los libros han sido delegados a segundo plano por la juventud, nadie lee para asustarse, por que no les queda una pizca de imaginación para ello.
¿Podríamos decir que el terror ha muerto? Ni mucho menos. Pero desgraciadamente ha sido desvirtuado por la sociedad en la que vivimos. Ya nadie teme a los monstruos en el armario ni a los vampiros nocturnos. Es una lastima que un genero tan apasionante se haya apalancado y en algunos casos, rechazado… pero siempre nos quedara un:
Nación, familia, Iglesia, ley. Todo reducido a cenizas. Todo inútil. Todo engaños, cadenas y asfixia.
Sólo existía el terror.
–Yo temo, tú temes, él teme –le gustaba decir–. Él, ella, ello teme. No hay ser consciente sobre la superficie del mundo que no conozca el terror más íntimamente que su propio latido.


4 comentarios:
Habrá que confiar en que, el terror, como otros géneros literarios continñue allí haciéndonos pasar buenos/malos ratos.
Jajajajajjaja! Te preguntarás por qué me rio, pero es que tu entrada tiene inevitables reminiscencias psicológicas acerca de las teorías de la emoción, y es que una de las emociones más estudiadas por los clásicos es el miedo. Y han tratado todas esas cosas que tu te preguntas: por qué nos asustamos, qué es lo que nos asusta, etc y que es la base de los géneros literio y cinematográfico de terror.
Si quieres una respuesta, puedo darte la que tenemos los psicologos jeje. Nos asusta todo aquello que amenaza nuestra integridad física o psicológica, desde un bicho capaz de amenazar nuestra vida a ser encerrados en un cuarto del que no tenemos salida. Sin embargo, en las pelis o los libros somos conscientes de que lo que ahí sucede es mentira y no puede ser real, pues así lo índican los patrones sociales de escepticismo cientifista. Nadie cree en supesticiones o demonios más allá de lo estrictamente necesario porque la ciencia es la que guía nuestra sociedad actual y ésta se rige por la observación empírica.
Ahí tienes por qué el terror "ha muerto", jeje, al menos desde nuestro punto de vista y mi reflexión personal jeje. Talue!
Mientras haya gente como nosotros, que disfruta de él, el terror no desaparecerá. Porque a pesar de todo lo que sabemos, que no es real y que es imposible, a nuestras mentes les gusta jugar con la idea de lo improbable, y al menos yo, me olvido de mi escepticismo un rato si el libro o la peli es bueno.
jose!!!
soy jota!!!!
me e exo un blog jejejeje
weno aun tngo k poner cosas...jajajaaj
es k no me aclaro aun ejejejej
weno aver si nos vemos y te devuelvo la palestina!
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